Una ilusión que encandiló a los imperios
Diseñado en 1770 por Wolfgang von Kempelen para impresionar a la emperatriz María Teresa, el “Turco Mecánico” parecía ser un autómata que funcionaba por sí mismo impulsado por un complejo sistema de engranajes. Sentado ante un gran gabinete y vestido con ropas otomanas tradicionales y un turbante, la figura desafió y derrotó a algunas de las mentes más poderosas de la historia, como Napoleón Bonaparte y Benjamin Franklin.
El ser humano entre los engranajes
Durante décadas, el mundo creyó estar presenciando una verdadera “máquina pensante”. En realidad, el aparato era una obra maestra de la ilusión. El interior del armario estaba ingeniosamente diseñado para ocultar a un maestro de ajedrez humano profesional, que cambiaba de posición a medida que se abrían las distintas puertas al público. Mediante un mecanismo de pantógrafo e indicadores magnéticos bajo el tablero, el jugador oculto controlaba las jugadas del adversario y ejecutaba las suyas a través del brazo mecánico del Turco.
Un legado moderno
El Turco Mecánico es más que una historia de engaño; es un símbolo de la eterna fascinación y temor de la humanidad por la inteligencia de las máquinas. No es casualidad que Amazon bautizara hoy su plataforma de microtareas con el nombre de “Turco Mecánico”. El nombre sigue siendo un homenaje a las tareas que los ordenadores aún no pueden realizar, pero que los humanos resuelven silenciosamente “entre bastidores”.”