Más allá de las ideologías: El set de Dubrovnik de 1950

Creado especialmente para la IX Olimpiada de Ajedrez de 1950 en Yugoslavia, este juego representa una de las revoluciones de diseño más radicales de la historia del ajedrez. Diseñado por el pintor y escultor montenegrino Petar Poček, el juego pretendía reunir al mundo a través del poder unificador del juego tras la Segunda Guerra Mundial. Con este objetivo en mente, se eliminaron intencionadamente todos los símbolos religiosos: la tradicional cruz sobre el rey se sustituyó por una simple esfera, y se eliminó la muesca del alfil que simbolizaba la mitra de un clérigo.

Este diseño “laico” e inclusivo transformó el ajedrez de un símbolo de creencias específicas en una obra de arte universal. Famosamente apreciado por Bobby Fischer como “el mejor juego con el que he jugado nunca”, hasta el punto de que insistió en utilizarlo en su histórica revancha de 1992 contra Spassky, este diseño se erige como una profunda promesa estética de artesanía para un futuro pacífico y moderno.

Una pasión sin fronteras: El patrimonio ajedrecístico de Subotica

Creado en la ciudad fronteriza de Subotica y fabricado en los legendarios talleres de Subozan, este juego es un poderoso símbolo de la edad de oro del ajedrez yugoslavo. Estas piezas representan una época en la que el ajedrez arraigó como una auténtica cultura popular presente en todos los hogares, escuelas y parques públicos. Con la estética sencilla, duradera y digna de la artesanía balcánica, cuentan la historia de cómo el ajedrez pasó de ser un juego de élite a un lenguaje social compartido que unía a todos los niveles de la sociedad. El juego Subotica sigue siendo un puente cultural intemporal en el que confluyen el arte y la estrategia.