Bucéfalo, que significa “cabeza de buey” (Boukephalos) en griego antiguo, probablemente debido a su ancha frente o a una marca en el hombro, es el caballo de guerra más emblemático de la historia. Cuenta la leyenda que Filónico de Tesalia se lo ofreció al rey Filipo II por la asombrosa suma de 13 talentos, pero nadie pudo domar su espíritu salvaje. Un joven Alejandro, observando que el caballo sólo se asustaba de su propia sombra, lo giró hacia el sol para calmarlo. Al ver esto, el rey Filipo declaró: “Oh hijo mío, búscate un reino igual y digno de ti mismo, pues Macedonia es demasiado pequeña para ti”.”
De los campos de batalla a la inmortalidad
Bucéfalo acompañó a Alejandro durante toda su campaña desde Grecia hasta el corazón de la India. Soportó a su señor en los enfrentamientos más sangrientos, desde Gránico e Isso hasta Gaugamela y la batalla del Hydaspes. En el 326 a.C., durante la campaña de la India, falleció a causa de las heridas de la batalla o por vejez (con casi 30 años). En su honor, Alejandro fundó la ciudad de Alejandría Bucéfala, a orillas del río Jhelum, en el actual Pakistán.
Legado cultural
En la historia del arte y la literatura, Bucéfalo es símbolo de poder, lealtad y agudo instinto. En las tradiciones orientales, donde Alejandro es identificado a menudo como “Iskandar”, Bucéfalo es representado como un compañero leal dotado de cualidades sobrenaturales. Sigue siendo el verdadero “espíritu” del mayor conquistador de la historia y representa un vínculo que trasciende el campo de batalla.